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I, I follow, I follow you

Los algoritmos gozan de una fama cuanto menos sospechosa. En el mejor de los casos son ese compañero de trabajo joven, brillante y guapo que siempre anda con una sonrisa en los labios pero que solo está de paso hasta que le fichen en un sitio mejor: es eficiente, sí, pero sabemos que no nos quiere.

Sin embargo hoy he pensado que el Descubrimiento semanal de Spotify, con toda su irregularidad, es una cosa bien bonita: todos los lunes alguien nos selecciona 20 canciones que de verdad cree que nos pueden gustar. Y esa persona no es un Boston Dynamics con un gran criterio musical (apúntenme a esa posibilidad), sino una mezcla de todos los usuarios de Spotify que involuntariamente están recomendándote o desaconsejándote música todo el rato. Y de ese batiburrillo de amor por la música de millones de personas de vez en cuando surge una canción maravillosa. Eso es bonito:

Quizás los algoritmos de recomendación sean solo una versión primitiva de la mente colmena en la que todos nos fundiremos cuando llegue la Singularidad. Y entonces se/nos dedicará/dedicaremos a escuchar una canción de tecnopop perfecta por toda la eternidad. No me parece, ni de lejos, el peor de los destinos posibles.

 

He vuelto

Más sabio. Más fuerte. Más rico. Más calvo.

Dios aprieta pero no ahoga
Dios aprieta pero no ahoga.

En realidad siempre he estado aquí, cuidándoos, dándoos fuerzas desde el interior de vuestros corazones. Porque Guillermo ha venido para quedarse. Guillermo is for real.

Chorivisión 3: El Tuenti

En mis vacaciones navideñas fui invitado a una fiesta de cumpleaños en una casa de Pinares de San Antón, el equivalente malagueño a La Moraleja madrileña. El garaje donde se celebraba era más grande que mi casa, el rón era Brugal y los jerseys sobre los hombros Tommy Hillfiger. Una reunión pija, sin duda, llena de jóvenes amables que charlaban sobre sus próximas vacaciones en la sierra. La conversación derivó a las fotos que habían subido a Tuenti esa misma tarde. No pude sino sorprenderme y preguntarles si lo usaban mucho -sí-, si lo tenían todos -todos-, y si lo preferían a Facebook, donde por su popularidad era más fácil que encontrasen amigos perdidos.

-Face… ¿qué? – me respondieron aturdidos.

Después de tal revelación decidí averiguar qué me estaba perdiendo. Lo primero que hay que hacer es conseguir una invitación; esta es la única manera de entrar, lo que ya desde el principio te sugiere exclusividad. Hasta hace unos meses, el primer contacto que te agregaba como amigo era Carla Goyanes, ex-novia del torero Fran Rivera. Junto a ella, pueblan la red Paquirrín, Ana Boyer, Tamara Falcó… Las redes internas también van en la línea del elitismo: destacan por su población los colegios mayores y las residencias privadas. Si Facebook sirve para encontrar a nuestros amigos Erasmus, Tuenti es para que los chicos de EADE suban sus fotos de Tarifa. Es una página pija, muy pija.

Otra cosa que destaca en comparación con Facebook son las acciones. Si en la web americana las aplicaciones no paran de crecer, y van desde apuntar las ciudades que has visitado a convertir al vampirismo a tus compañeros de trabajo, en Tuenti prácticamente sólo se puede hacer una cosa: subir fotos de tus amigos y avisarles de que salen en ellas. No hay mucho más, la posibilidad de crear eventos ha sido publicada hace poco y no he visto utilizarla a nadie. Así, la página se convierte en poco más que un Fotolog con invitación.

¿Qué hace entonces que mis amigos malagueños la usen a diario, frente a otras páginas mucho más completas? Pues que Tuenti ha conseguido, conscientemente o no, aprovechar el valor de lo local y del boca a oreja. Entrar en Tuenti significa ver a muy pocas personas, con las que puedes hacer muy pocas cosas, pero son las que te encuentras en tus bares, facultades o colegios. Amigos y amigos de amigos. Y, me repetiré una vez más, tiene el sabor de lo exclusivo. Es el equivalente internautico a la sala VIP de Pachá: el premio está en entrar.

¿Es entonces una página mala? No, porque permite a sus usuarios hacer lo que quieren hacer. ¿Que en Facebook podrían hacer lo mismo y muchas cosas más? Sin duda. Pero, como en el caso de Fotolog vs. Flickr, simplemente no les interesa. Generalizando, podríamos decir que los usuarios de Facebook buscan desarrollar actividades en la red, y los de Tuenti reflejar en ella su vida “real”. ¿Y yo qué prefiero? Hasta que Carla o Tamara no me digan varias veces al día lo “Hot” que soy, mi elección está clara.

El Algarrobico, Cháves y su puta madre

El Algarrobico es ese pedazo de hotel de 400 habitaciones que se está construyendo en el interior del Parque Natural del Cabo de Gata y a 30 metros del mar, cuando la Ley de Costas prohíbe la construcción a menos de 100. Ya habréis visto el edificio en muchos vídeos de CQC y demás.

El año pasado, Chaves prometió a los ecologistas que compraría el hotel para a continuación derribarlo. Exactamente el 5 de Mayo del 2007. Ya ha llovido desde eso y el hotel sigue en su sitio. La foto es del 24 de Noviembre de 2007:

Pues bueno, Manolito Chaves no sólo no ha cumplido lo prometido sino que va a hacer lo contrario. En el proyecto del nuevo Plan de Ordenación del parque, los terrenos pasan de “área natural de interés general”, donde está prohibido construir, a “núcleo habitado existente”. Y ya está. El hotel está habitado, estaba de antes del plan, así que no se tira, no se compra, se llena el parque de turistas y aquí no ha pasado nada.

Esto lo hace el Gobierno del PSOE, los de la SostenibilidaZ y los vídeos en flash con numeritos, y ahorra agua, y no desperdicies energía, y eres el amo de la creación y demás mierdas. Les encanta culpabilizar y concienciar a la poblacion, esos necios contaminadores. Pero cuando se les pide que apliquen la ley, miran para otro lado, se ponen nerviosos, y al final lo que hacen es cambiarla para no tener que actuar. El alcalde de Carboneras quería el hotel para generar empleo en su pueblo, y a la Junta le ha asustado que les llamen salvapájaros y ha optado por los votos de ese pueblo en vez de por los de los ecologistas.

Que os den mucho por culo, sociatas. Habrá otros bienintencionados que os voten invocando el voto útil y demás mentiras, pero a mi ya no me la coláis. ¿Siguen presentándose los Carlistas?

Le llamaban Vanidad

Llevo tres semanas corriendo, entrenando duro para correr en Marzo una carrera aún por determinar. La disciplina parece que al fin da sus frutos y mis innatas cualidades para este deporte salen a la superficie. La ropa de licra ajustada también ayuda.

En el entrenamiento del otro día volé, literalmente. Mis piernas iban más rápido que nunca mientras que las pulsaciones estaban en sus mínimos. Le metí un pasón a un cincuentón; los pitidos de su pulsómetro al entrar en la zona de riesgo me indicaron que había sido demasiado para su orgullo. El ama de casa con la camiseta de la San Silvestre se echaba levemente a un lado al ver que me aproximaba; el fibroso moro con el que me cruzaba dos veces por vuelta, siempre a la misma altura, asentía respetuoso en cada encuentro. Mis ojos debían rezumar determinación, y ellos la reconocían.

Ya volviendo a casa, la altiva morena del paso de cebra me lanzó un duelo de miradas; tras quince tensos segundos de semáforo en rojo el resultado fue tablas. No sólo los atletas lo veían; también a los civiles les fascinaba la llama que ardía en mi.

Al entrar en el ascensor, vi en el espejo que tenía un moco tapándome la mitad de la ceja derecha. Debía llevar ahí desde que me despejé la nariz en el calentamiento, unos cincuenta minutos antes. Moraleja:

 

Vanitas vanitatum et omnia vanitas.

 

HIJOS DE PUTA TODOS.

Moco
Algo así pero con mallas