He vuelto

Más sabio. Más fuerte. Más rico. Más calvo.

Dios aprieta pero no ahoga
Dios aprieta pero no ahoga.

En realidad siempre he estado aquí, cuidándoos, dándoos fuerzas desde el interior de vuestros corazones. Porque Guillermo ha venido para quedarse. Guillermo is for real.

Le llamaban Vanidad

Llevo tres semanas corriendo, entrenando duro para correr en Marzo una carrera aún por determinar. La disciplina parece que al fin da sus frutos y mis innatas cualidades para este deporte salen a la superficie. La ropa de licra ajustada también ayuda.

En el entrenamiento del otro día volé, literalmente. Mis piernas iban más rápido que nunca mientras que las pulsaciones estaban en sus mínimos. Le metí un pasón a un cincuentón; los pitidos de su pulsómetro al entrar en la zona de riesgo me indicaron que había sido demasiado para su orgullo. El ama de casa con la camiseta de la San Silvestre se echaba levemente a un lado al ver que me aproximaba; el fibroso moro con el que me cruzaba dos veces por vuelta, siempre a la misma altura, asentía respetuoso en cada encuentro. Mis ojos debían rezumar determinación, y ellos la reconocían.

Ya volviendo a casa, la altiva morena del paso de cebra me lanzó un duelo de miradas; tras quince tensos segundos de semáforo en rojo el resultado fue tablas. No sólo los atletas lo veían; también a los civiles les fascinaba la llama que ardía en mi.

Al entrar en el ascensor, vi en el espejo que tenía un moco tapándome la mitad de la ceja derecha. Debía llevar ahí desde que me despejé la nariz en el calentamiento, unos cincuenta minutos antes. Moraleja:

 

Vanitas vanitatum et omnia vanitas.

 

HIJOS DE PUTA TODOS.

Moco
Algo así pero con mallas

Kurt is dead

Pelazo a los 84; un hombre superior.

Qué curiosos paralelismos. Dos Kurts ha habido en mi vida, dos, y de la muerte de los dos me ha informado mi madre por vía telefónica. Cuando murió el otro, yo renegaba temporalmente de él por culpa de Come as you are y no me afectó lo más mínimo. Ayer, cuando me enteré de éste, se me encogió el corazón.

Honor y gloria a Kurt Vonnegut.

No me cogerán vivo

No recuerdo cuándo empecé a ducharme con agua fría; supongo que en esa segunda adolescencia que sufrí en Granada, al empezar la universidad fuera de mi ciudad. La gente que por un motivo u otro ha vivido conmigo ha descubierto este hábito mío de dos maneras. Por las buenas, escuchando mis jadeos y sollozos prolongados cuando estoy en el baño (si no son prolongados es que estoy zurrándome la sardina). O por las malas, cuando han entrado a ducharse a continuación y han abierto el grifo sin darse cuenta de que estaba Tope Frío.

Un día nuestro casero de Granada entró en el piso y me escuchó cantar “se te nota en la mirada/que andas enamorada”. Eso, a ritmo de All Ill, me ayudaba a pasar el mal rato (era la época hardcore de SÓLO agua fría). A partir de entonces nos envió las facturas por carta.

Lo que nadie ha tenido huevos de preguntarme ha sido ¿por qué? Podría decir que un golpe de agua fresca al terminar te activa por la mañana, te ayuda a superar resacas, te hace pasar menos frío al salir de la ducha, o ya puestos, que es más ecológico. Todas son buenas razones, y las tengo en cuenta en mayor o menor medida, pero no son suficientes. La Verdadera Motivación está en las películas de la 2ª Guerra Mundial.

Lo hago para que cuando nos invadan los nazis, o los moros, o los judíos y nos torturen a todos, no puedan usar la técnica de la ducha fría contra mi.

– Maldita sea, lleva ya cinco minutos y nada, ahora se está enjabonando la espalda.
– ¿Y se llega al sitio ese entre los omóplatos?
– Tiene una esponja con palo.
– Pues habrá que inventar algo.

Unas pinzas y una bater�a, pero... ¿dónde está el coche?

A grandes males, grandes remedios