Chorivisión: Los orígenes

Chorivisión es el nombre que he puesto a los posts de este blog que son un simple copipega de lo que estoy escribiendo para Soitu, el periódico online de los colorinchis. Si los notáis correctos, estructurados y faltos de mi habitual chispa y acidez gástrica, es porque quiero que me paguen por ellos.

Sí, me vendo, y muy barato.

Anuncios

Chorivisión 3: El Tuenti

En mis vacaciones navideñas fui invitado a una fiesta de cumpleaños en una casa de Pinares de San Antón, el equivalente malagueño a La Moraleja madrileña. El garaje donde se celebraba era más grande que mi casa, el rón era Brugal y los jerseys sobre los hombros Tommy Hillfiger. Una reunión pija, sin duda, llena de jóvenes amables que charlaban sobre sus próximas vacaciones en la sierra. La conversación derivó a las fotos que habían subido a Tuenti esa misma tarde. No pude sino sorprenderme y preguntarles si lo usaban mucho -sí-, si lo tenían todos -todos-, y si lo preferían a Facebook, donde por su popularidad era más fácil que encontrasen amigos perdidos.

-Face… ¿qué? – me respondieron aturdidos.

Después de tal revelación decidí averiguar qué me estaba perdiendo. Lo primero que hay que hacer es conseguir una invitación; esta es la única manera de entrar, lo que ya desde el principio te sugiere exclusividad. Hasta hace unos meses, el primer contacto que te agregaba como amigo era Carla Goyanes, ex-novia del torero Fran Rivera. Junto a ella, pueblan la red Paquirrín, Ana Boyer, Tamara Falcó… Las redes internas también van en la línea del elitismo: destacan por su población los colegios mayores y las residencias privadas. Si Facebook sirve para encontrar a nuestros amigos Erasmus, Tuenti es para que los chicos de EADE suban sus fotos de Tarifa. Es una página pija, muy pija.

Otra cosa que destaca en comparación con Facebook son las acciones. Si en la web americana las aplicaciones no paran de crecer, y van desde apuntar las ciudades que has visitado a convertir al vampirismo a tus compañeros de trabajo, en Tuenti prácticamente sólo se puede hacer una cosa: subir fotos de tus amigos y avisarles de que salen en ellas. No hay mucho más, la posibilidad de crear eventos ha sido publicada hace poco y no he visto utilizarla a nadie. Así, la página se convierte en poco más que un Fotolog con invitación.

¿Qué hace entonces que mis amigos malagueños la usen a diario, frente a otras páginas mucho más completas? Pues que Tuenti ha conseguido, conscientemente o no, aprovechar el valor de lo local y del boca a oreja. Entrar en Tuenti significa ver a muy pocas personas, con las que puedes hacer muy pocas cosas, pero son las que te encuentras en tus bares, facultades o colegios. Amigos y amigos de amigos. Y, me repetiré una vez más, tiene el sabor de lo exclusivo. Es el equivalente internautico a la sala VIP de Pachá: el premio está en entrar.

¿Es entonces una página mala? No, porque permite a sus usuarios hacer lo que quieren hacer. ¿Que en Facebook podrían hacer lo mismo y muchas cosas más? Sin duda. Pero, como en el caso de Fotolog vs. Flickr, simplemente no les interesa. Generalizando, podríamos decir que los usuarios de Facebook buscan desarrollar actividades en la red, y los de Tuenti reflejar en ella su vida “real”. ¿Y yo qué prefiero? Hasta que Carla o Tamara no me digan varias veces al día lo “Hot” que soy, mi elección está clara.