Era

Era la última clase del viernes, y el Profesor Enrrollao nos dio la última media hora libre mientras él se iba a la cantina. Asi que la clase se dividió como siempre hacía, entre los que hablaban con las niñas y los que hacían el imbécil para que les mirasen las niñas. En el primer grupo estaba Javi, el número uno, el puto amo, el que ponía los motes y daba las mejores hostias jugando al mosca. En el segundo estaba Lolo, portero del equipo de fútbol, buenazo, rubito y tontorrón. No existían antecedentes entre ellos.

Javi hablaba con las repetidoras que se sentaban detrás suya, que a pesar de los brazos cruzados no podían ocultar que estaban encantadas por la atención que estaban recibiendo. Lolo, en la pizarra, lanzaba tizas y bolas de papel a discreción. No sé qué mierda pasó por su mente para decidir lanzar una bola de papel albal, más dura, compacta y aerodinámica, justo a quien no debía, con la de mierdas que habíamos rellenando la clase.

“Javi, Javi” se le escuchó decir mientras la bola volaba hacia su objetivo. El aludido se giró sin sospechar nada, y la bolita de marras le dio en toda la nariz con una velocidad más que decente. Mientras se rascaba la napia, se levantó de su sitio y tranquilamente avanzó hacia Lolo, que encogido contra la pizarra y entre risas nerviosas esperaba algún tipo de simpática represalia; lo mismo que esperábamos el resto de la clase, viendo el paso parsimonioso y calmo que le acercaba.

Cuando llegó hasta el encerado, le metió la mayor colección de sopapos que he visto en mi vida. Fue una explosión de hostias, un festival del puño-mandíbula, un combo x8 del Super StreetFighter hecho realidad. Durante diez segundos, en una clase de cuarenta y dos adolescentes pre-ESO, sólo se escuchó el ritmo un-dos que marcaban unos nudillos y una cara. Donde Javi antes tenía los brazos, ahora sólo había un borrón; donde antes estaba la cabeza de Lolo ahora no había nada.

La cosa finalizó con un expresivo “joder, si es que… pa que me…”, que Lolo aprovechó para salir como pudo de la clase. A los cinco minutos apareció nuestro tutor con cara de Profesor Enrrollao En Apuros:
– A ver qué ha pasado, Javi, que Lolo está en la enfermería con los aparatos reventaos y dice que ha sido en una pelea contigo.
– Eso es mentira, aquí no ha habido ninguna pelea, aquí el único que ha repartido ostias he sido yo – dijo La Tranquilidad de Conciencia.
– Ah, pues… en ese caso… si no ha habido pelea…- respondió el entumefacto profesor, mientras nuestros corazones rebosaban adoración hacia Javi. Nos traía loquitos, ains.

Y no sé por qué, me he acordado yo de esto estos dias.

L�bano
Joder, si no nos dicen dónde están escondidos los dos soldados, ¿¿qué otra cosa podemos hacer??

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