Andresito

¿Un poquito de psicoanálisis retrospectivo para la resaca? Venga, va.

Aunque muchos no lo creais, soy un tio con sentido del humor. En serio. Alguien podría confirmarlo, supongo, pero ahora mismo no sé quien. De hecho es un sentido del humor retorcido y con mucho carisma, acaparador y volutivo, se impone el hijo de puta en muchas ocasiones, aunque no siempre, como cuando me roban el móvil que me compré hace una semana. El caso es que alguna vez me he preguntado de donde viene esa fea costumbre mía de reirme en los funerales o al ver a un mendigo atendido por el SAMUR. Y asi cavilando, me doy cuenta que de mi familia.

Son, somos, muchos en casa. Ahora ya han huido casi todos, estamos solo cinco, pero en los viejos tiempos, antes de las bodas y los óbitos, nos juntábamos quince para la paella de los sábados. Ser el más pequeño de quince te obliga a pegar mucho la oreja para entretenerte, porque está claro que escucharte no lo van a hacer. Y las anécdotas de once hermanos, nueve de ellos varones, que hasta los 18 años no han disfrutado del lujo y la intimidad de una habitación doble, están cargadas de resentimiento y mucha mala leche. Pero mis favoritas eran las que, de una manera disimulada, aireaban la mierda de los progenitores, que al fin y al cabo eran los responsables de haberlos juntado a todos en tan poco espacio-tiempo.

Asi surgió la leyenda de Andresito, el duodécimo hermano que yo nunca conocí. Se decía que una tarde de juegos, el escondite se vio interrumpido por la habitual llamada a merienda, y el pobre Andrés, en aquel entonces el más joven y poco espabilado de la camada, continuó solo el juego. Pasaron las semanas hasta que Mamá Coneja notó la ausencia de su más joven vástago. Pero para aquel entonces, Andrés ya no estaba en su escondite favorito… o sí, porque el caso es que nunca lo encontraron. Lo único que quedaba de él eran esos misteriosos ruidos nocturnos sobre el tejado, y el relato de su leyenda que los mayores, entre risitas sardónicas, contaban a los más jóvenes que no llegaron a conocerlo, ante la mueca poco aprobadora de la Procreadora.

Descubrí años más tarde lo retorcido que puede ser el humor endogámico de once hermanos cuando me enteré de que Andresito no llegó a jugar nunca al escondite ya que, en realidad, decidió no seguir más allá del sexto mes de gestación.

-Ah, coño, ahora entiendo la cara de mamá…

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4 comentarios en “Andresito

  1. ¡Once hermanos! Tengo uno y me sobra, no quiero ni llegar a pensar lo que seria convivir con tanta gente. De hecho, creo que nunca he compartido techo con tantisima gente.
    Debe ser duro ser el mas pequeño de doce…

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