Perfección

“Los maestros de los tiempos antiguos eran libres y visionarios. En la vastedad de las fuerzas de su espíritu, el “yo” todavía no era; y esta espontaneidad de su fuerza interior daba grandeza a su aspecto. Ellos eran prudentes como quien vadea un torrente invernal; vigilantes como quien sabe que a su alrededor se encuentra el enemigo; inaprensibles como hielo que resbala; rudos como madera bruta; vastos como los grandes valles; impenetrables como el agua turbia.

¿Quién hoy, con la grandeza de la propia luz, podría esclarecer las tinieblas interiores? ¿Quién hoy, con la grandeza de la propia vida, podría reanimar la muerte interior?

En ellos estaba la Vía. Ellos eran individuos señores del Yo; y en la perfección se resolvía su vacancia.”

(Lao Tze, Tao-te-ching, v.XV)

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