In the Kingdom of the Blind the One-eyed are Kings

(…)We could welcome the responsabilty
like a long lost friend,
and re-establish laughter
in the dolls house once again.
For time has imprisoned us
in the order of our years,
in the discipline of our ways
and in the passing of momentary stillness
we can see our chaos in motion(…)

Pascual H. R., estudiante malagueño de 21 años, el día 17 de Mayo del 2001, tras haber ingerido un bocadillo Paris en la excelente cafetería de Alsina Graells, se encontraba escuchando con la inestimable colaboración de sus walkman la citada canción en la estación de autobuses de Granada, mientras esperaba un autobús para volver a su Málaga natal … todavía no había leído la letra de la canción, y no entendía el inglés, pero ello le daba igual, pues la música hablaba claramente para él … sentado en el suelo, miraba al marmol, sus dibujos, la gente, sus vidas y sus viajes…hasta que en el momento en que el cantante Brendan Perry dice “we could welcome responsability” su mirada se dirigió hacia los amplios ventanales del techo…así pudo ver como la luz caía inundando la estancia, y más allá de los cristales, el cielo tenía un purísimo color azul…

En el instante en que en sus auriculares se escuchó “for time has imprisoned us”, una milésima de segundo antes de que entrasen los tambores, Pascual giró hasta el tope la ruedecilla del volumen de su walkman…y una milésima después de que hubiesen entrado los tambores, Pascual explotó.

Su cuerpo, envuelto en una bola de fuego, atravesó el techo de la estación como si fuese de mantequilla…ascendía dejando atrás el suelo a una velocidad terrible…mirando su propio cuerpo, observaba como sus ropas se consumían, y tras estas era su propia piel la que iba adoptando un color cada vez más oscuro. Pascual advirtió que estaba ardiendo. Los colores a su alrededor variaban conforme subía, y eran cada vez más brillantes e intensos. El cielo se inundaba de estrellas. Su velocidad disminuía, y al atravesar el último grupo de nubes, quedó prácticamente inmóvil, sostenido en el aire por la inercia. Frente a sus ojos estaba el Sol, más grande y brillante que nunca. Pascual cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y gritó junto a Brendan Perry “we see our chaos in motion” por última vez.

Entonces, entre el sonido de campanitas, exhausto, abrasado y llorando, empezó a caer.

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