Archivo para Enero 2007
No me cogerán vivo
No recuerdo cuándo empecé a ducharme con agua fría; supongo que en esa segunda adolescencia que sufrí en Granada, al empezar la universidad fuera de mi ciudad. La gente que por un motivo u otro ha vivido conmigo ha descubierto este hábito mío de dos maneras. Por las buenas, escuchando mis jadeos y sollozos prolongados cuando estoy en el baño (si no son prolongados es que estoy zurrándome la sardina). O por las malas, cuando han entrado a ducharse a continuación y han abierto el grifo sin darse cuenta de que estaba Tope Frío.
Un día nuestro casero de Granada entró en el piso y me escuchó cantar “se te nota en la mirada/que andas enamorada”. Eso, a ritmo de All Ill, me ayudaba a pasar el mal rato (era la época hardcore de SÓLO agua fría). A partir de entonces nos envió las facturas por carta.
Lo que nadie ha tenido huevos de preguntarme ha sido ¿por qué? Podría decir que un golpe de agua fresca al terminar te activa por la mañana, te ayuda a superar resacas, te hace pasar menos frío al salir de la ducha, o ya puestos, que es más ecológico. Todas son buenas razones, y las tengo en cuenta en mayor o menor medida, pero no son suficientes. La Verdadera Motivación está en las películas de la 2ª Guerra Mundial.
Lo hago para que cuando nos invadan los nazis, o los moros, o los judíos y nos torturen a todos, no puedan usar la técnica de la ducha fría contra mi.
- Maldita sea, lleva ya cinco minutos y nada, ahora se está enjabonando la espalda.
- ¿Y se llega al sitio ese entre los omóplatos?
- Tiene una esponja con palo.
- Pues habrá que inventar algo.

A grandes males, grandes remedios